Momento estelar
Follow spot de 575 W, con operación de una hora ensayada para un momento nada más: el vals, la entrada o el brindis.
Paquete momento estelarCómo se ensaya el recorrido, dónde se para el operador, para qué sirve el iris y qué cambia entre 575 W y 1200 W. Operador incluido siempre.
Todavía faltan minutos para que abran las puertas y el operador ya lleva rato trabajando: pegó un trozo de cinta en el piso donde van a entrar los novios, otro donde arranca el vals, y está probando el círculo sobre cada marca mientras el salón sigue lleno de gente acomodando mesas y el DJ pasa cables por atrás. Nadie voltea a ver esa luz y así conviene. El seguidor de luz es el único equipo del montaje que no se instala y se olvida: se maneja a mano, en vivo, justo durante los minutos que van a quedar en el video.
Un follow spot al que nadie le mueve la manija termina siendo un reflector fijo apuntado a un punto del piso, y basta que la pareja dé tres pasos para que quede fuera de la luz. Lo que se contrata aquí es el oficio: un técnico con horas de teatro y televisión encima que sabe desde dónde alcanzar la pista, cómo anticipar un giro, cuándo cerrar el iris y qué gel de color le queda a la noche. El fierro es de teatro (Robert Juliat, Strong Super Trouper) y el técnico va incluido en los cuatro paquetes, así que jamás aparece como cargo aparte en la cotización.
Tres decisiones del operador: el trazo, su posición y lo que trae en las manos
Casi todo lo que se ve durante el vals se decidió antes de que llegara el primer invitado: por dónde va a caminar la pareja, desde qué punto del salón se les alcanza, con qué diámetro y con qué color se les sigue. Lo demás es pulso y atención. Abajo está lo que revisamos, en ese orden.
Ninguna de las tres depende de haber contratado el salón perfecto, sino de leerlo bien. Un mezanine resuelve en dos minutos un montaje que se veía complicado, y un techo bajo obliga a alejarse; en los dos casos el efecto sale.
Lo primero que pregunta el operador no tiene que ver con luz: quiere saber por dónde entran los novios, por dónde llegan a la pista y hacia dónde salen cuando termina la canción. Con esas tres respuestas marca el piso, prueba el círculo sobre cada marca y se queda con la referencia guardada. Cuando el DJ suelta el primer acorde, el haz ya sabe a qué punto ir y no tiene que buscar a nadie.
Después viene la parte que no se ensaya: anticipar. Una pareja bailando no avanza en línea recta, gira, se separa, se vuelve a juntar, y una luz que va detrás del movimiento se lee como una luz que va tarde. El operador mira los hombros y hacia dónde arranca el giro, entonces adelanta el haz medio segundo. Si se salen del área marcada, abre el iris un poco, recupera el encuadre y el ajuste no se nota. Para cubrir un solo momento así está el paquete momento estelar, con una hora de operación.
El seguidor le pide tres cosas al recinto y ninguna cuesta dinero: altura, una vista despejada de la pista y espacio para tomar distancia. La altura mantiene el haz por encima de las cabezas en lugar de cruzarlo entre ellas. La vista limpia evita que un candil, una columna o el arco de flores se coman media luna del círculo. La distancia define con qué ángulo cae la luz sobre la pareja. El lugar que casi siempre reúne las tres es el fondo del salón, y cuando hay mezanine la discusión se acaba ahí mismo.
Sin balcón se resuelve con el tripié de altura profesional que va con el equipo: levanta el spot arriba de la gente y deja al operador fuera del paso de los meseros. Lo que de verdad mueve el resultado es qué tan lejos queda del punto. Demasiado cerca, la luz cae a plomo, aplana las caras y deja sombra debajo del mentón. Con recorrido suficiente el haz llega tendido, modela y separa a la pareja del fondo. Con una foto del área de baile y la altura del plafón ya te decimos desde qué punto se monta.
El iris abre y cierra el diámetro del círculo, y se mueve con la mano en pleno momento. Ceñido a dos personas, todo lo que queda afuera se hunde en penumbra y el salón entero mira hacia el mismo lugar: ese recorte es el efecto, no el brillo. Abierto, alcanza a la pareja cuando se separa o al grupo que se mete al cuadro en el brindis. Los geles de color se cambian sobre la marcha: blanco cálido para la entrada, rosa para el vals, azul cuando la pista ya está llena, ámbar si las mesas van con velas.
El vataje es la otra decisión y la única que queda amarrada al elegir paquete. Los 575 W del paquete de una hora se ven perfectos en un salón mediano con las luces generales abajo. Los 1200 W de la recepción completa sostienen el borde del círculo cuando el techo es alto, el salón es grande o el venue no apaga sus candiles, y encima dan cuatro horas de operación, que es lo que pide una lista de momentos completa. Con humo bajo para el vals, ese mismo cono queda trazado de arriba abajo en el aire y no solo donde la luz toca a la gente.
Todo esto queda definido antes de que el equipo llegue al salón
Estas seis no salen de una ficha técnica. Se resuelven mirando el recinto, la paleta de la decoración y el programa de la noche. Las repasamos con quien lleve la coordinación: tú, el planner, el DJ o el fotógrafo.
Si te falta alguna, con el nombre del venue y una foto del área de pista podemos adelantar casi todo por escrito.
La altura disponible fija el ángulo. Con plafón alto o mezanine el haz cae tendido, modela las caras y el círculo sale redondo. Con poca altura hay que alejar el equipo para que la luz llegue plana: el círculo se aovala un poco y las sombras se estiran hacia la pared, cosa que en foto no molesta.
Pegado al área de baile la luz cae a plomo y aplana los rostros. Desde más lejos entra en diagonal y despega a la pareja del fondo. Por eso preferimos el fondo del salón antes que un costado, aunque el costado parezca más cómodo para meter el tripié y los cables.
Se elige contra los colores que ya están puestos. Blanco cálido no pelea con nada y respeta el tono del vestido. Rosa acompaña decoración clara y sale muy bien en el vals. Azul funciona cuando arranca el baile. Ámbar se lleva con velas, madera y mantelería en tonos tierra.
Cerrado aísla a dos personas y desaparece el resto del salón; abierto incluye a los papás, a los chambelanes o a quien se acerca en el brindis. La regla práctica es cerrar en lo íntimo y abrir donde participa más gente, y el operador lo va moviendo con el iris sin cortar la luz.
Uno alcanza cuando hay un solo protagonista moviéndose por una pista. Dos equipos cruzados desde ángulos opuestos cancelan el sombreado duro de una fuente única y permiten cubrir a dos personas a la vez, que es el caso de galas, pasarelas y escenarios con varios oradores.
Se acuerda durante el montaje, con el fotógrafo presente. A él le importa desde qué lado llega el haz, porque de eso depende dónde se planta, y le importa que la intensidad no brinque mientras el obturador trabaja. Con video, además, se evita apagar y prender de golpe.
Bodas, XV años, galas y teatro en CDMX y Estado de México
Fíjate en dos cosas al verlas: qué tan ceñido está el círculo al protagonista y de qué lado entra la luz. Las dos son decisiones de operación que alguien tomó minutos antes, con el salón todavía a medio montar.
En varias se alcanza a ver el equipo y a quien lo maneja: tripié, portafiltros con los geles listos y el headset para oír la señal desde la cabina.
Un momento suelto o la noche completa, más las opciones de escenario
Para una boda la elección es corta: el paquete momento estelar cubre un momento con una hora de operación, y la recepción completa sube a 1200 W y cuatro horas para la lista entera de la noche. Los otros dos ya son territorio de escenario.
Los cuatro traen operador técnico, geles, iris, tripié, transporte, montaje y desmontaje. De uno a otro cambian tres cosas: el vataje, las horas contratadas y cuántos haces hay en el aire.
Follow spot de 575 W, con operación de una hora ensayada para un momento nada más: el vals, la entrada o el brindis.
Paquete momento estelar
1200 W y cuatro horas con el operador de planta. Cubre el vals, el brindis, el pastel y el ramo, con la señal amarrada al DJ y al MC.
Seguidor para recepción completa
Dos spots en ángulos opuestos con dos operadores durante cuatro horas. El montaje que reparte el modelado y cubre a dos protagonistas a la vez.
Paquete 2 seguidores
Arranca en cuatro equipos de alta potencia, con jefe de iluminación, plataformas elevadas para los operadores y visita al recinto antes del día.
Producción con 4 seguidoresPosición, iris, geles, vataje y qué se ensaya antes del evento
Aquí están las dudas técnicas que nos llegan de quienes ya decidieron contratar seguidor y ahora quieren entender cómo se opera en su salón.
Lo general del servicio (en qué momentos entra, si sirve para XV años, con qué se combina) lo encuentras resuelto en la página madre del seguidor.
Un reflector amarrado a un tripié ilumina un punto del piso y ahí se queda. Si los novios dan tres pasos, salen de la luz. El operador mantiene el círculo sobre ellos todo el tiempo: corrige mientras giran, sube y baja la intensidad, cambia el gel entre un momento y otro y cierra el iris cuando la pareja se junta. Por eso el operador viene incluido en los cuatro paquetes, sin excepción.
Necesita tres cosas: altura, línea de vista limpia hacia la pista y distancia suficiente para que el haz no llegue en picada. El punto que suele cumplirlas es el fondo del salón, o el mezanine cuando lo hay. Si no existe nada elevado, el tripié profesional sube el equipo arriba de las cabezas y nadie pierde vista. Dinos dónde queda la pista y de qué lado están las mesas.
Es la pieza que abre y cierra el diámetro del círculo de luz, y el operador la mueve con la mano en pleno momento. Cerrado, deja un círculo ceñido a dos personas y todo lo demás queda en penumbra, y ese encuadre apretado es lo que hace que el salón entero mire hacia el mismo lugar. Abierto, cubre a la pareja cuando se separa o al grupo que entra al cuadro. Viene en todos nuestros equipos.
El blanco cálido respeta el tono del vestido y de la piel, así que es el que usamos de entrada y en el brindis. El rosa favorece durante el vals y se lleva bien con decoración clara. El azul enfría la escena y luce cuando la pista ya está llena. El ámbar da un aire de vela. Los geles se intercambian durante el evento, así que no tienes que quedarte con uno solo.
Cambia cuánto aguanta el círculo antes de verse lavado. Con 575 W, que es lo que trae el paquete de una hora, alcanza en un salón mediano y con las luces generales abajo. Subir a 1200 W en la recepción completa mantiene el borde del círculo definido aunque el techo sea alto, el salón grande o el venue deje sus candiles prendidos. Dinos las medidas del salón y te decimos con cuál basta.
Pregunta por dónde entran, por dónde llegan a la pista y hacia dónde salen; con eso marca los puntos con cinta en el piso y prueba el círculo sobre cada uno mientras todavía están montando las mesas. Después repasa el orden del protocolo con el DJ y con el MC. Ese ensayo es la diferencia entre una luz que llega a tiempo y una que va atrás del momento.
Pasa casi siempre y está previsto. Un vals no se baila sobre una raya, y la marca sirve para anticipar, no para obligar. El operador va leyendo los hombros y la dirección del giro, entonces la luz se mueve medio segundo antes que la pareja en lugar de perseguirla. Si se van del área ensayada, abre el iris un poco y recupera el encuadre sin que se note el ajuste.
Sí, y se les dice en el montaje. Quien retrata necesita ubicar por dónde entra el haz para no plantarse a contraluz, y prefiere que el círculo quede quieto durante los segundos en que dispara. Con video, el operador evita subir y bajar la intensidad de golpe, porque la cámara lo registra como parpadeo. Dos minutos de plática arreglan las dos cosas.
Sirve, con un ajuste. Poca altura obliga a un ángulo más plano, así que el operador se aleja para que el haz llegue tendido y no caiga a plomo sobre las cabezas. El círculo sale un poco ovalado y las sombras se estiran hacia la pared, cosa que en foto no estorba. Lo que no conviene ahí es el tripié corto y pegado a la pista: deslumbra a la primera fila de invitados.
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La madre del servicio y los efectos que comparten el vals
El compañero natural del seguidor durante el vals es el humo bajo: sin niebla, el haz solo se ve donde toca a las personas; con la capa asentada en el piso, el cono entero queda dibujado en el aire y esa es la foto que todo el mundo pide.
Todo se cotiza junto y se monta en el mismo traslado, con un solo equipo técnico en sitio y una sola señal desde la cabina.
La página madre del servicio: qué equipo operamos, en qué momentos entra el spotlight y los cuatro paquetes con su precio.
Seguidor de Luz
La cortina de luz de fondo que le pone telón a la pista, para que el haz recorte la silueta contra algo y no contra una pared vacía.
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